Olive Schreiner: Historia de una granja africana (presentación)

Post del 09/11/2011 por Jesús Ortiz
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Historia de una granja africana es un libro notable por varias razones, como es notable su autora, la sudafricana Olive Schreiner. A ambos, libro y autora, han dedicado páginas otros escritores sudafricanos más conocidos entre nosotros, como los premios Nobel Nadine Gordimer y J. M. Coetzee, o muy relacionados con Sudáfrica, como la igualmente premiada Doris Lessing, e innumerables críticos de todo el mundo anglosajón.

Una de las cosas destacables de Historia de una granja africana es que se la considera la primera obra de importancia de Sudáfrica, un país que cuenta con tres tradiciones literarias (inglesa, afrikáner y aborigen). Este carácter pionero bastaría para asegurarle un puesto en la historia de la literatura, pero su capacidad innovadora no se detiene aquí: es también la obra que inaugura la llamada ficción feminista aunque, significativamente, su primera edición apareciera bajo el pseudónimo masculino de Ralph Iron.  

   Olive Schreiner (imagen tomada de La Mujer Quijote)

Por si esto no bastara, la novela obtuvo un éxito inmediato y sostenido tras su publicación en Londres en 1883: cuatro ediciones sucesivas en su primer año de vida, y doce en los siguientes cuarenta años. ¿Por qué recibió tan buena acogida Historia de una granja africana? Como siempre, esto no es fácil de responder, pero podemos detectar algunos elementos que ayudan a entenderlo. La obra toca temas que preocupaban a la sociedad victoriana, como el sexo y la religión, en un ambiente exótico como es el de la colonia. Contexto que dulcificaba, por la lejanía, los aspectos más espinosos de estos temas. Ese contexto tenía, por otro lado, su atractivo propio: Las minas del rey Salomón, la obra que consagró a Henry Rider Haggard, un escritor de gran éxito, se publicó en 1885, solo dos años después de Historia de una granja africana. La novela de Olive Schreiner, aunque tiene un planteamiento avanzado, no deja de ser un reflejo de la mentalidad victoriana. Su autora ve con claridad el problema de la mujer peor tratada que el hombre: este puede trabajar para vivir y, en condiciones favorables, prosperar, mientras que la mujer debe depender de un hombre. En cambio, la situación de explotación racial le es completamente invisible: por la novela desfilan hotentotes y otros aborígenes, que obviamente soportan el trabajo de la granja, pero no forman parte del drama, no son más que añadidos del escenario, como las ovejas, las vacas y los avestruces, aunque eventualmente se rían con sus amos de otros blancos caídos en desgracia o traduzcan entre el holandés y el inglés. Olive no evita el empleo de términos como kaffir y nigger, formas genéricas de referirse a los negros que hoy se consideran despectivas y racistas, aunque puede ser que no tuvieran estas connotaciones en su día (es claro, por ejemplo, que kaffir para ella significa ‘aborigen’, porque se lo aplica a un perro), lo que le ha creado a su novela problemas con admiradores contemporáneos. En todo caso, más adelante en su vida, tras su regreso a Sudáfrica desde Inglaterra, esta visión será corregida, al convertirse Olive en una defensora de los derechos de los nativos. Este es uno de los atributos con que la retratamos, junto a los de librepensadora, socialista (en el sentido de la época), feminista, pacifista…

Esta primera novela publicada de Olive Schreiner tiene muchos apuntes autobiográficos: Olive ha vivido en granjas como la que describe, trabaja en ellas como gobernanta… Pero, teniendo en cuenta que la escribió antes de cumplir 25 años, Historia de una granja africana contiene muchos elementos premonitorios: como Lyndall, la protagonista, Olive no conseguirá unas relaciones satisfactorias con los hombres de su vida y, como ella, despertará pasiones no correspondidas y sufrirá las propias sin grandes aciertos; al igual que Lyndall, Olive tiene un único hijo que muere a las pocas horas de nacer, aunque también las diferencias son grandes: la autora se había casado y tenía un largo historial de embarazos que se malograron; como los niños de su novela, Olive leyó apasionadamente («Una caja llena de libros. Me lo contarán todo, todo, todo […] Voy a leer, a leer, a leer…», dice Waldo; «Cuando sea mayor […] no habrá nada que no sepa», dice Lyndall), prácticamente la única formación que tuvo, y con la que logró una extraordinaria habilidad para escribir. Otra de sus obras, Dreams, tuvo aun más éxito que la novela que nos ocupa, y así Olive Schreiner logró en Londres un estatus de escritora de éxito, hizo amistad con personajes destacados de la época (Eleanor Marx o Havelock Ellis, el psicólogo e investigador de la sexualidad que aprendió de Charcot al mismo tiempo que Freud) y vivió una vida intensa, aunque no demasiado feliz. Su pensamiento político quedó recogido en Women and labour, su única obra traducida en España hasta la fecha (La mujer y el trabajo, Barcelona, Montaner y Simón, 1914).

¿Por qué se sigue leyendo Historia de una granja africana? No solo por su interés histórico, sino porque consigue algo más que informarnos de los anhelos y temores de la sociedad victoriana y colonial. Aunque la situación de las mujeres ha cambiado decisivamente en los casi 130 años transcurridos desde que se publicó, la novela sigue tocando dolorosamente cuestiones claves de nuestra civilización («Mira mi pequeña barbilla, Waldo, con su hoyuelo. No es más que una pequeña parte de mi persona; pero aunque yo tuviera un conocimiento de todas las cosas bajo el sol y la sabiduría para usarlo y el corazón de profundo amor de un ángel, todo eso no me impulsaría en la vida como esta pequeña barbilla»). Pero no todo es crítica y ambiciones irrealizables. Por ejemplo, junto a la que podríamos considerar la historia central, la de los tres niños que se convierten en adultos («no vamos a ser niños siempre; también tendremos el poder algún día») sin que aparezca ante ellos un camino liberador, mínimamente feliz, se presenta la de un hombre que llega a serlo (a comprender y aceptar que recibirá mucho menos de lo que desea, y que deberá pagar un alto precio por ello) cuando se viste de mujer y dedica su esfuerzo a cuidar a alguien.

Ni en las granjas sudafricanas ni en la capital cosmopolita encontró Schreiner salvación para ella ni para nosotros, pero su libro está lleno de una vida que nos empuja por todas partes, como gritando: «¡No hagas caso de lo que te digo y vive!».

 

 La editorial milrazones acaba de publicar Historia de una granja africana

 

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