Colin Turnbull: Kumari, el último kabaka, geotermia, Grinker…

Post del 20/10/2011 por Jesús Ortiz
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Espero que los cuatro posts anteriores sobre Colin Turnbull hayan dado una cierta idea de su vida, pero no pretenden reflejarla en su totalidad, ni siquiera superficialmente. Por razones de espacio, o por no desviarnos demasiado del centro de interés, se han quedado sin tocar cosas como sus relaciones familiares, su trabajo de geólogo y buscador de oro, y personas importantes en su vida o simplemente curiosas. Hoy vamos a referirnos a algunos de estos personajes.

 

Kumari

Por ejemplo, apenas dije nada sobre Kumari Mayor, quien sin duda merece cierta atención. Su historia, en relación con lo que nos ocupa, fue así: Colin vuelve a Inglaterra en 1951, tras su primera estancia con los pigmeos. El viaje de regreso dura algo más de lo previsto, porque por el camino, en Egipto, a él y a Newton los confunden con Donald Maclean y Guy Burgess, espías británicos que acababan de huir de Inglaterra y a los que buscan afanosamente todas las policías de Occidente, y pasan dos semanas metidos en un pozo. (Los confunden porque viajan en una furgoneta que lleva pintado en su exterior «Donald Maclean» y todo el mundo sabe que los espías huyen en vehículos marcados con su propio nombre). Pero al fin llega a su país y un amigo le presenta a su hermana Kumari, una hermosa punjabí (había ganado un concurso de belleza) con la que Colin intimó rápidamente. Muy enamorados ambos, encuentran la frontal oposición familiar y social. En una ocasión los invitan a una gala donde están presentes las princesas Elizabeth y Margaret. Kumari está muy emocionada, pero a Colin le reprochan acudir con una dark lady y falta el proverbial canto de un duro para que los echen, cosa que finalmente no sucede para evitar que el escándalo sea mayor. Poco después, en otra fiesta de parecido nivel, a Colin y a su oscura compañía los sientan en una mesa apartada y solitaria. Además de este rechazo, Kumari soportó los viajes de Colin a África y América hasta donde pudo, hasta 1957, cuando decidió marchar a Bombay a trabajar para J. Walter Thompson. Intentarían mantener la relación, pero poco después ella se casó con un futuro vicealmirante de la marina india. Kumari fue la única mujer con quien Turnbull planeó casarse, aunque se relacionó con algunas más. Colin no se consideraba homosexual, simplemente se acostaba con las personas que le gustaban, personas que, casualmente, a partir de cierto momento fueron todos hombres. Además de Kumari, de su madre y de Anandamayi Ma, la única mujer que parece que tuvo algo de importancia en la vida de Colin fue Anne Putnam, la última esposa de Patrick Putnam.  

 

El último kabaka

En 1970 Colin y Joe se encuentran en Uganda haciendo trabajo de campo. Joe cumple 33 años y lo celebran en Chez Joseph, uno de los mejores restaurantes de Kampala, la capital de Uganda, regentado por una pareja de homosexuales a los que los rumores asociaban con el último kabaka, el rey de Buganda, como proveedores de hombres jóvenes. Parece que los sucesivos kabakas habían imitado las costumbres de los ingleses todo lo posible, y el abuelo de este último había incorporado entre ellas la homosexualidad: los primeros mártires cristianos de Uganda fueron adolescentes que no se dejaron seducir (la página http://www.buganda.com tiene, por supuesto, otra versión).

El último rey de Buganda, Fredrick Walugembe Muteesa II, Freddy para los amigos, había estado alojado en La Moncloa y luego, en Toledo, en casa del duque de Bailén, cuyo hijo buscaba una belleza nuer por toda África en 1956, como cuenta el periodista Enrique Meneses en África de Cairo a Cabo. No encuentran a la muchacha nuer, cuya única relación con el hijo del duque (Jaime Cavero, «más conocido como Jimmy Bailén por ser descendiente del general Castaños») era que este había visto su fotografía en una revista francesa a todo color, pero de la aventura quedó un libro de viajes más que presentable. En él, Meneses considera a Freddy «un entrañable personaje que valía la pena haber conocido por su humanidad y ternura»; cuenta también que los hospedó a cuerpo de rey en Kampala, devolviendo así la hospitalidad del duque, pero en un hotel y no en palacio para tener una excusa para salir por ahí, y que tras ser depuesto (en 1966) murió pobre y enfermo en Londres, donde cargaba maletas en la estación de Paddington. Esta magnífica página de la wikipedia añade misterio: dice que marchó «a l'exili de Londres, on va morir en misterioses circumstàncies tres anys més tard (hi ha qui diu que fou emmetzinat amb alcohol)».

 

 

Trabajo de campo… geotérmico

Poco después de la muerte de Joe, Norbu le cuenta a Colin que alguien ha donado territorio en Indiana para hacer el Centro Cultural Tibetano. «Alguien» es Thom Canada, antiguo jipi y manifestante contra la guerra de Vietnam que se hizo millonario encontrando campos geotérmicos, sobre todo unos que producen vapor seco, la energía más limpia de la Tierra. ¿Que cómo lo hacía? Pues es muy sencillo: quedándose en casa y mandando a su hermano a hacer el trabajo de campo. El trabajo de Thom era encontrar los pozos. Mientras estaba en su casa, abandonaba su cuerpo y se metía en el interior de la tierra buscándolos. ¿Que usted no se lo cree? Bueno, yo tampoco. Pero entre 1983 y 1999 había abierto 123 pozos y tenía dinero bastante como para ir construyendo templos y para que le importara muy poco la incredulidad ajena. Algo después de la apertura del Centro Cultural Tibetano se estropea su relación con los Norbu (la de Colin también) y erige en la proximidad otro monasterio, dedicado a Dorje Shugden, personaje veneradísimo en la tradición gelugpa, la propia del dalái lama, hasta que este decidió en 1975 que era una deidad maligna. Dentro del budismo, la cuestión de Dorje Shugden constituye un enfrentamiento virulento, como puede comprobarse con solo meter su nombre en un buscador. Actualmente, por otro lado, parece que en Bloomington, Indiana, perviven ambos centros budistas, mientras que Thom está en un tercero de Utah. Colin y él intimaron mucho durante aquella época; Thom recuerda al antropólogo como su mejor amigo de entonces. 

     Thubten Norbu con su hermano, el dalái lama

 

Grinker

De la mayor parte de las cosas aquí relatadas nos hemos enterado, como ya hemos dicho, en la excelente biografía sobre Colin Turnbull titulada In the arms of Africa, de Roy Richard Grinker. ¿Acaso Grinker es un escritor profesional que eligió la vida de Colin Turnbull como tema para un libro con el que ganar fama y/o dinero? Parece que no: se trata de un respetado profesor de Antropología, Ciencias Humanas y Asuntos Internacionales en la Universidad George Washington. También es un experto consultado por el Gobierno estadounidense en las relaciones entre las dos Coreas; ha realizado trabajo de campo y escrito artículos sobre media docena de países de tres continentes; ha conseguido fondos para hacer la primera investigación sobre el autismo en Corea, estudiando a 35 000 niños de entre seis y doce años de edad, y ha publicado un libro sobre el autismo que es su mayor éxito entre la media docena de títulos que hoy pueden comprarse con su firma, Unstrange Minds: Remapping the World of Autism. Puede saberse más en su web.

Resulta que el personaje tiene unos antecedentes notables, con bisabuelo, abuelo y padre dedicados al psicoanálisis y a la psiquiatría en EEUU. Sigmund Freud analizó a su abuelo: «Freud le cobraba 25 dólares a la hora, el equivalente a 330 en dinero actual [de 2007], pagado en su totalidad por la Fundación Rockefeller […]. Mi abuela tenía muchas esperanzas en que el análisis lo ayudara, pero se decepcionó pronto y escribió a Freud para quejarse: 'Querido Dr. Freud', le dijo, 'han pasado un par de meses y no le veo ningún cambio'».

    Grinker, en su primer trabajo con pigmeos, y en el siglo xxi.

Sabemos que su interés por el autismo proviene de que a una de sus hijas le diagnosticaron este trastorno, pero ¿qué le condujo a tomarse el trabajo de escribir más de 350 páginas, con letra de pulga y sin apenas márgenes, de una prosa elegante que consigue encubrir una investigación exhaustiva sobre los casi 70 años de vida de su biografiado? Él mismo trata el asunto en la única sección de In the arms of Africa en la que habla algo de sí mismo: la de agradecimientos. Como antropólogo, entre 1985 y 1988 realizó trabajo de campo entre los aldeanos lese y los pigmeos efe en la República Democrática de Congo. Ningún antropólogo cultural, hasta entonces, había estudiado a los pigmeos desde que lo hiciera Colin Turnbull. Cuando iba hacia allá, pensaba que La gente de la selva era una representación romántica, y parcialmente inventada, de los pigmeos. Al volver de sus seis primeros meses de trabajo de campo con ellos, acusó a Turnbull de ignorar el idioma de los pigmeos, así como importantes aspectos de su vida que le hubieran permitido construir una imagen completamente distinta. «Hasta mucho después, cuando me encontré ocupando su antiguo puesto en la Universidad George Washington y me hice buen amigo de su albacea, no dejé de verlo como un académico al que debía desacreditar y me di cuenta de las complejas relaciones entre su vida y su obra». Decide escribir su biografía y entonces recuerda que se había carteado con Colin cuando estaba entre los pigmeos. Encontró una de sus cartas pero, aunque estaba escribiendo su biografía, le llevó seis meses decidirse a releerla. Cuando finalmente lo hizo, descubrió la razón por la que la había borrado completamente de su memoria: era una de las cartas profesionales más amables que recibió en su vida, en la que le ofrecía encontrarse y ayudarlo en lo que pudiera. Grinker se sintió fatal, pues ni siquiera la había contestado. Tampoco respondió a una carta posterior en la que Colin le advertía de que los pigmeos que Grinker estaba estudiando estaban demasiado occidentalizados, que debía buscar en otra parte.

«Es difícil meterse tan completamente en la vida de alguien, a no ser que a uno lo empuje algo más que la curiosidad. A mí me empujó la conciencia de que me había perdido el conocer a una persona notable porque yo estaba entonces consumido por un narcisismo juvenil. Y porque quería desestimar su trabajo, también me perdí la relación intelectual con él […]. Escribir la vida de Colin Turnbull tenía sentido tanto para la antropología como para mí».

 


Nota: este post es el quinto de una serie que empieza  aquí y que presenta a Colin Turnbull, cuyo libro La gente de la selva publicó la editorial milrazones.  La serie está formada por las siguentes otras entradas:
 

 

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