Colin Turnbull: el hombre que murió dos veces

Post del 21/09/2011 por Jesús Ortiz
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¿Recuerdan aquella tesis de que todos estamos relacionados con cualquier otro por un máximo de seis puntos intermedios? Hace falta la mitad para relacionar a Bill Clinton con Colin Turnbull, aunque seguramente no se vieron en su vida. A Clinton lo defendió en su impeachment David Kendall, uno de los abogados que habían defendido a condenados a muerte en combinación con Scharlette Holdman, frenética activista contra la pena capital cuyo contestador telefónico decía: «Si no es usted un asesino condenado, o un abogado dispuesto a defender a uno, no quiero hablar con usted». Holdman, una cristiana ferviente de la que puede saberse más aquí, dirigía una organización que ha evitado muchas ejecuciones y asegura que fue Turnbull quien le enseñó a tener éxito.

Lo que le enseñó fue que para lograr un nuevo juicio, o la suspensión de una ejecución, era preciso devolverle al reo su humanidad. Para ello no servía de nada argumentar con el tribunal acerca de principios éticos; muy al contrario, lo que había que hacer era proporcionar a ese tribunal gran cantidad de información sobre la vida del acusado: de dónde era, cómo eran su familia y amigos, hechos divertidos o terribles, qué presiones habían moldeado su vida… Había que mostrarle al tribunal que el preso también era una víctima, que había humanidad en él. En opinión de Grinker, «Colin creía que Holdman podría hacer por los condenados lo que él no había hecho por los ik».

Fuera o no así, lo cierto es que Colin dedicó muchos años a visitar a condenados en el pasillo de la muerte y que, siguiendo su costumbre al relacionarse con los demás, intimó con muchos de ellos y sus familiares. Su implicación en el activismo contra la pena de muerte fue total: no solo aconsejaba a Holdman, también reclutaba abogados que trabajaran gratis o les llamaba la atención cuando le parecía que no llevaban un caso con diligencia suficiente. Escribió un artículo en Natural History, «Muerte por decreto», que fue de los mejores de su vida y que conocen bien quienes hoy defienden a los condenados. De nuevo encontró víctimas en este colectivo, y otra vez estableció con ellas los lazos de humanidad y proximidad que le caracterizaban.

Colin insistía en que los castigos brutales brutalizan tanto a quien los recibe como a quien los inflige. Hay testimonios más modernos que ratifican cumplidamente esta tesis. Por ejemplo, el libro La zona: apunts d'un vigilant de camp, con recuerdos de Sergéi Dovlatov, un vigilante de campo de concentración soviético reconvertido en escritor en Nueva York, explica lo encarcelado que está un carcelero. Y el reciente, durísimo y extraordinario El monstruo. Memorias de un interrogador, de Pablo Pardo, donde se cuenta la evolución de un soldado estadounidense que empieza a los 23 años su carrera como torturador en Afganistán.

Pues bien, Colin dedicó los años de vida en EEUU a la enseñanza de la Antropología, a la defensa de los condenados a la pena capital y a… compartirlos con Joe. Pero el decenio de 1980 es terrible para la pareja. Una vez, Joe cree que Colin ha contratado gángsteres para que le ataquen, otra que lo está envenenando. Estos y otros síntomas preocupantes de enfermedad mental, cuya frecuencia e intensidad van aumentando progresivamente, son en realidad efecto del sida, pero por aquel entonces la mayoría de los médicos ignoraban que esta enfermedad podía causar daño psiquiátrico… y, por otro lado, Joe nunca admitió tenerla. Pero los síntomas no cesan de agravarse hasta que en 1988 queda claro que se trata de esa enfermedad… Colin desea morir con Joe, se analiza y un primer resultado negativo lo sume en la desesperación. Cuando, tras otro, sabe que comparte el sida, escribe gozoso a Jamal, su gran amigo en el corredor de la muerte, para contarle que él también tiene una condena capital. Cuida dolorosa e incansablemente a Joe, que acaba muriendo en diciembre, en la casa de ambos en Virginia.

Colin ha dado instrucciones para dirigir el entierro, de dos féretros, a Bob Humphrey, un antropólogo que es también sacerdote de la American Fellowship Church. «Si quieres explicar por qué dos ataúdes, puedes decir que en la parte de África donde trabajamos los dos, Zaire, se dice que dos personas a veces crecen tan juntas que se convierten en una, como un árbol de dos troncos. Cuando uno de los troncos muere, el otro puede seguir, pero ya no es igual, y lo mismo pasa con los humanos. Joe y Colin sabían que así sería en su caso, y aceptaban alegremente el hecho de que ambos abandonarían juntos esta vida e irían juntos a otra nueva. El ataúd vacío ocupa un espacio que será llenado más tarde, siguiendo los deseos de ambos […] de ser enterrados uno al lado del otro, como habían vivido. […] el superviviente no seguirá siendo el mismo, la mejor parte de sí será enterrada con su compañero». La lápida que señala la tumba, dentro del prado que rodeaba su casa, lleva el nombre de los dos y la misma fecha de muerte.

Colin sobrevive seis años a su compañero. Pasa la primera parte de ese tiempo en Samoa, e intensifica el trato con su amigo Thubten Norbu (el hermano del XIV dalái lama, exmonje budista, reencarnación renuente del maestro tibetano del siglo XVI Taktser Rimpoché y profesor de Antropología en EEUU). Norbu le cuenta que alguien ha donado territorio en Indiana para hacer el Centro Cultural Tibetano ¿querría Colin encargarse de cuidar la propiedad mientras lo construían? Quiso, se puso a trabajar retirando la maleza y recobró su antigua relación con el budismo. Va a Dharamsala, donde están los exiliados tibetanos en India, y acaba profesando votos como monje gelugpa, el linaje del dalái lama, que se los confirma personalmente. (¿Recuerdan el caprichoso, traidoporlospelos, comienzo de este post, donde se relacionaba a Colin con Clinton en tres pasos? Otros tres bastan para relacionarlo con Uma Thurman, aunque más que probablemente tampoco se vieran nunca: la actriz es hija de Robert Thurman, el primer estadounidense en convertirse en monje budista, directamente de la mano del mismo dalái lama. Robert, por suerte para nosotros, renunció a su voto de castidad tres años después, se casó por segunda vez y tuvo a Uma y otros tres hijos. Ya tenemos a Clinton relacionado con la hermosa en seis pasos... que seguramente le parecen demasiados).

     Lobsong Rigdol

Colin se llama ahora Lobsong Rigdol. Regresa a EEUU y vive como el monje que es, paseándose por la calle en sandalias y túnica púrpura. Tiene menos apetito, adelgaza… En el verano de 1993 vuelve a Dharamsala. Siempre ha ocultado irresponsablemente tener el sida, que ahora se agrava. Nunca ha querido tratárselo. Quiere volver otra vez a EEUU para ser enterrado junto a Joe. Como había donado todo su dinero al United Negro College Fund, hubo que hacer una colecta para repatriarlo, un viaje complicado cuya peor parte transcurre en tierra, hasta llegar al aeropuerto de Delhi. Otra vez en Virginia, dice que morirá en una semana, pero no lo hará hasta seis meses más tarde, en julio de 1994. La finca donde había vivido con Joe era ahora propiedad de una pareja que se la había comprado al United Negro College Fund y que permitió que se retirara el ataúd vacío de Colin Turnbull y se sustituyera por otro que lo contenía. De nuevo Bob Humphrey lee los deseos funerarios expresados en el primer entierro de Colin y Joe, y añade una historia bosquimana que a Colin le encantaba contar (y cuya primera aparición en Occidente, que yo sepa, fue en la novela de Olive Schreiner Historia de una granja africana, que milrazones está a punto de publicar).

Poco después, dos ecologistas estadounidenses, el matrimonio Hart, informan a Kenge, que ahora tiene 58 años, de la muerte de Colin. Kenge organiza un molimo en su honor, en el campamento de los Hart, el mismo donde vivieron Putnam y Colin. Durante varios días, entre 50 y 150 hombres, mujeres y niños cantaron y bailaron las canciones que Colin tan bien conocía, y escucharon la trompeta por la noche. Kenge se ocupó, nos cuenta otra vez Grinker, de que el molimo fuera completo, de que la selva quedara complacida, de que Colin descansara en el mundo de los espíritus, de que su vida y su muerte importaran.

    Colin Turnbull con niños mbuti, en 1953

 


Nota: este post es el cuarto de una serie que empieza  aquí y que presenta a Colin Turnbull, cuyo libro La gente de la selva acaba de aparecer.  
 
 
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