Colin Turnbull: ¿Alguien ha visto mi cerveza?

Post del 03/08/2011 por Jesús Ortiz
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En agosto de 1959 Turnbull llega a Nueva York, tras haber aceptado la oferta de un puesto en el Museo de Antropología. Ocupa un piso en Chelsea, Manhattan («el sitio era tan elegante que a veces me ponía de traje para cenar, aunque estuviera solo»), sin intención de compartirlo con nadie. Solo las imágenes de dos mujeres figuraban en sus paredes: Anandamayi Ma y Kumari, la muchacha punjabí de la que había estado muy enamorado en Inglaterra y la única con la que planeó casarse.

    Foto de Colin Turnbull incluida en la primera edición de The Forest People

Íñigo García Ureta menciona en Éxito los disturbios del Stonewall Inn en 1969: «La comunidad gay neoyorkina se alzó contra las redadas policiales […] marcando un precedente histórico en la reivindicación de los derechos de los homosexuales». Diez años antes, los locales donde los maricas se reunían en Nueva York eran oscuros, discretos, y cambiaban de lugar con frecuencia para eludir la persecución. Colin no los frecuentaba, pero una lluviosa noche de sábado, cuando no llevaba todavía dos meses en el puesto, decide ir a tomar una copa al Mais Oui, uno de estos bares, próximo al museo, donde se sorprende al encontrar una multitud más variopinta de lo que había imaginado. Y, entre ella, una frase inocente lo transforma: «Oí una voz a mi lado que decía: "¿Alguien ha visto mi cerveza?", y empezó mi vida de adulto». El hombre que había perdido su bebida se llamaba Joseph (Joe) Towles, tenía 22 años, la piel negra y, para Colin, una belleza desesperada. Esa noche durmieron juntos. Empezaron a compartir los fines de semana; no mucho más tarde Joe abandonó el mísero apartamento donde había empezado a escribir una novela para compartir el del hombre al que llamó marido los siguientes 30 años: «To my husband», empezaban las tarjetas que le dirigía; «To my wife Josephine», decían las de respuesta, casi 400 entre unas y otras, hoy incluidas en el Archivo Joseph A. Towles.

Colin veía en Joe un personaje tan maravilloso como sus amigos pigmeos. Intentó dar a conocer esa maravilla al mundo, y por eso todos los materiales y recuerdos que donó a un museo están agrupados en el Archivo Joseph A. Towles: quienquiera que se interese por Colin Turnbull tiene que pasar por Joe. Intentó convertirlo en un intelectual, un antropólogo. Lo llevaba consigo al museo, donde le dieron un pase de seguridad. Consiguió que estudiara algo de antropología aquí y allá, que hiciera trabajo de campo con él en África, que llegara a dar clases: el mismo Colin fue su alumno en alguna ocasión (el profesor le dio un notable).

    Joe

Pero solo los santos tienen una vida intachable, y eso es porque tienen hagiógrafos. Lo que tuvo Turnbull fue un biógrafo, y nosotros la suerte de que fuera excelente. Son sus palabras: «En abril de 1960 Colin estaba en casa mecanografiando The Forest People en su despacho, muy concentrado. Joe le pidió que le hiciera caso. Colin intentó ignorarlo, pero Joe insistió. Furioso, Colin tiró la máquina de escribir al otro lado de la habitación. Joe recogió con calma la máquina rota, la devolvió al escritorio de Colin y fue al baño a llorar. Uno se pregunta cuán resentido o humillado se sintió cuando, meses más tarde, mecanografió pacientemente el borrador final de The Forest People por petición de Colin en la misma máquina. Un mes más tarde, Joe no estaba pidiendo, estaba provocando. Colin le pidió que parara, pero Joe siguió. Cogió a Colin por la cintura para atraerlo a él. Cuando Joe se acarició la cabeza contra el pecho de Colin, este hundió su cigarrillo a medio fumar en el dorso de la mano de Joe. La quemadura dejó una cicatriz para siempre».

En el piso que compartían eran frecuentes las visitas famosas, como la del antropólogo Peter, príncipe de Grecia e hijo de la famosa psicoanalista Marie Bonaparte; esta última había rescatado los papeles de Sigmund Freud antes de que los nazis pudieran destruirlos y fue amiga de Bronislaw Malinowski y del antropólogo Jomo Kenyatta, primer presidente de Kenia. Turnbull y el príncipe habían sido presentados por Thubten Norbu, hermano mayor del dalái lama y colega del museo. Por esta época, Colin empieza a escribir el libro Tibet con Thubten Norbu, sobre la visión de este del país en que había sido niño y encarnación de un monje del xvi… antes de ser el antropólogo occidental en que acabó convirtiéndose. La obra fue publicada por Simon & Schuster en 1968.

Durante la relación de Colin con Kumari, ambos habían tenido que soportar desprecios como que en fiestas a las que habían sido invitados les sentaran en mesas solitarias: la sociedad británica no veía bien que acompañara a una dark lady. Su relación con Joe tampoco fue bien aceptada en los Estados Unidos. El servicio de seguridad del museo consiguió que a Joe le retiraran el pase y un colega antropólogo se refirió a él por escrito como «Turnbull’s private specimen». En el hall del museo, Joe se cruza con Margaret Mead, la famosa antropóloga que inculcó a Occidente en los años sesenta la admiración por los pueblos primitivos. «¡Hasta luego, Margaret!», la saluda. «Se dice "doctora Mead"», fue la respuesta de ella. Colin llega a dimitir de su cargo en el museo porque no quisieron contratar a Joe. A partir de entonces renuncia a todos los puestos en todos los sitios donde no contraten también a Joe. Algunos años antes había renunciado también a la tenure, la contratación vitalicia.

En 1965, año en que le dan la ciudadanía estadounidense, vuelve a África a estudiar una tribu en Uganda, los ik, con los que permanece 18 meses. Cuando llega no conoce bien la situación: el gobierno ha decidido hacer un parque para preservar las especies animales salvajes en las tierras que habitan los ik, cazadores-recolectores a los que se ordena que se conviertan en granjeros en las montañas. En las montañas no viven los animales salvajes por la sencilla razón de que el terreno no es fértil. Las consecuencias son fáciles de imaginar, pero muy difíciles de leer. The Mountain People, el libro de Turnbull sobre esta experiencia, muestra un pueblo que se muere disciplinadamente de hambre según las reglas de la naturaleza: primero los viejos, luego los niños…, perdiendo por el camino todo rastro de civilización, de regulación de las relaciones entre personas, de esa capa de cultura en la que nos reconocemos y que tan bien oculta, en condiciones normales, la naturaleza que la sostiene.

The Mountain People aparece a finales de 1972 y encuentra un gran rechazo entre la comunidad antropológica. Por otra parte, Peter Brook, uno de los hombres claves del teatro del siglo xx, decide hacer una obra a partir del libro. Se venden los derechos para el cine; Margaret Mead lo califica de «hermoso» y Graham Green alaba el valor del autor y de Michael Korda, su editor (hijo y sobrino de dos figuras del mundo del cine, Korda había empezado su carrera con un exitazo: precisamente La gente de la selva). Se venden mil ejemplares a la semana y las ventas de La gente de la selva suben a cinco mil ejemplares a la semana.

Para Colin la experiencia de los ik ha sido de las más duras de su vida. Si antes había idealizado a los pigmeos como representantes de lo mejor del ser humano, generosos y en comunión con la naturaleza, considera que los ik son la otra cara de la moneda: tan crueles que llegó a tildarlos de infrahumanos. Curiosamente, fue la experiencia con Brook y sus actores la que le hizo verlos bajo otra luz. Pero Colin no volvería a ser el mismo.

    La primera edición de The Forest People junto a la biografía de su autor

 


Nota: este post es el tercero de una serie que empieza  aquí y que presenta a Colin Turnbull, cuyo libro La gente de la selva publicará en setiembre la editorial milrazones.  La serie está formada por los siguentes posts:
 
 

 

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